lunes, 17 de septiembre de 2007

Medallas

El otro día, una gran amiga me hizo ver un momento en que yo la fallé. Ni siquiera fue un reproche, tan solo me explicó lo que sintió en ese instante en que tanto me necesitó y en el que yo no estuve. Yo no respondí a su llamada.

No sé, uno suele estar conforme con su forma de ser. Generalizando un poco, creo que a la gente no termina de convencernos nuestra vida, pero sí nos convence nuestra propia actitud, nuestra forma de ser. Al fin y al cabo, creemos que nuestra forma de actuar es algo que controlamos a diario a través de las decisiones que tomamos, y como somos nosotros quienes las tomamos, pues estamos conformes. Luego, todo lo que no nos gusta pasamos a meterlo en el cajón que denominamos “nuestra vida” ese ente sin forma que nos atropella por la calle sin que podamos remediarlo. De tal forma que pensamos que “nuestra vida” podría mejorar, que podría atropellarnos un poco más flojito, un poco menos de improviso, con alguna situación un poquito mejor. Pero solemos sentirnos satisfechos con lo que nosotros mismos somos.

Hasta que de repente te das cuenta de que tu forma de ser no ha sido lo suficientemente buena. Ha sido tu forma de ser la que ha fallado. Y todas esas absurdas creencias que nos ayudan a estar bien se desmoronan por completo.

En fin, no quiero ser demasiado tremendista, estoy describiendo una situación que tampoco ha sido tan grave, y ahora no me siento hundido por este error que he cometido. Mi amiga me dijo un montón de cosas que me resultaron bastante duras, pero como conclusión solo puedo pensar que siente un cariño tremendo hacia mi. Si piensa que soy tal y como me contó, creo que permite que siga a su lado por lo mucho que me quiere a pesar de todo. Y sé que me quiere mucho. Además, la pedí perdón por aquel terrible descuido y aceptó mis disculpas de corazón.

Tan solo quiero expresar lo importante que es que no nos despistemos, que sigamos alimentando todo este lado tan genial de nuestra forma de ser cada día, en cada momento. Lo buenos que somos no es una medalla que nos ponen en el pecho y que podemos lucir de por vida. Debemos cultivar todo eso por lo que nos creemos tan buenos. No debemos dejar de mostrar todo nuestro buen hacer ni un instante, para que nuestros seres queridos nunca dejen de sentirse arropados por nosotros. Se lo debemos.

Gracia por la lección que me has dado, niña. Creo que la he comprendido bien. Ahora quiero esforzarme de verdad para que esto no vuelva a pasar. Esto me va a hacer reaccionar para convertirme en una persona mejor. Y eso va a servir para que no vuelva a fallarte. Voy a mejorar para ti; voy a mejorar para vosotros. Os lo debo.
Voy a mejorar para mí. Me lo debo.

1 comentario:

CHUS dijo...

¿Quien quiere amigos perfectos?