martes 1 de julio de 2008

FLY FOREVER


Ayer murió FLY MUSIC. Un canal más, ya ves qué problema. Eso me daría un poquito igual, si no tuviese claro que con ese canal se piran también los videos de unos cuantos grupitos, como por ejemplo Sidonie, MGMT, Astrud, Interpol, The Killers, Raveonettes, Junior boys, Ok go, The chemical Brothers, Los Planetas, Gnarls Barkley, Mogway, Björk, Moby, jamiroquai, Depeche Mode, Vetusta morla, Matisyahu, Bloc Party, The postal service, Massive Attack, Fatboy Slim, Goldfrapp, Primal Scream, la mala Rodríguez, Artic Monkeys, daft punk, Scissor Sisters, Amy Winehouse, The go! Team, Beck, Travolta, The Sunday drivers, Dorean, Deluxe, White stripes, Sigur Ros, Foo fighters, Beasty boys, Prodigy, New Order, The Cure, Lory Meyers, Tom Waits...
Pero bueno, no seamos pesimistas, también desaparecen los videos de Porta.
Todos esos se piran, y visto lo visto quizás ya no han de volver. Ni eso ni las críticas de los festivales. Porque, a decir verdad, cuántos nos juntamos en el Summercase, el Ola!, el Primavera Sound, el Sónar, el FIB, creamfields o el sonorama? Cuatro gatos…
Porque lo que está claro es que ninguno, ninguno de los restantes canales, ni de los genéricos ni de los exclusivos de música, se va a dignar a poner los videos que FLY MUSIC ha puesto. Como mucho, algún éxito de temporada a lo Duffy, y poquito más. Nos queda Radio 3, Radio Círculo y para de contar. Y a ratos y a horas, que tampoco siempre. Y a ver cuánto tardan en cargarse también las emisoras de radio. Ah, no, perdón, que Radio 3 ya se la están cargando...
Esto es lo que hay, los medios no dan para más. Bastante caso se ha hecho ya a todos esos grupos de mierda, anda y que les den por el culo a todos ya. Tanto ruido y tanta música rara. Que les follen. Muerte a los sellos pequeños, muerte a la experimentación, muerte a la innovación, muerte a escapar del borreguismo, muerte a tener criterio, muerte a sentir la música.Larga vida a OT. Escúchales ya en tu emisora 40.

jueves 24 de enero de 2008

home


Recuerdo cuando era adolescente y alguno de mis amigos me invitaba a su casa. Ahora me vienen a la cabeza la casa de José Ramón o la de Tamara. Cuando pasaba la noche en casa de mis amigos, mis últimos pensamientos antes de quedarme dormido giraban alrededor de lo chulas que eran esas casas. A veces en penumbra ya, mis ojos recorrían aquellas dependencias con admiración, sin saber por qué me gustaba tanto ese mueble o aquel otro, o por qué se estaba tan a gusto en aquella cama, en aquel dormitorio que tan bonito era comparado con el mío.

Tampoco es que mi casa estuviese tan mal, no sé. No creo que las casas en las que he vivido hayan sido horribles. La idea es más banal, se trata más bien de que yo no creía que mi casa fuese tan guay. Es tan absurdo el adjetivo que sí, se cumple sin lugar a dudas: mi casa no era tan guay. Los pisos donde yo viví se amueblaban de una forma práctica, aprovechando cada cosa al máximo, optimizando un espacio que había que compartir con mucha gente y estirando un dinero que no llegaba para más. Por el contrario, aquellas eran casas en las que los muebles eran nuevos y hacían juego unos con otros, donde había salones y comedores independientes, o cocinas con grandes mesas en las que sentarse a desayunar, o un segundo salón en la planta de arriba (por no hablar de que tenían varias plantas), o buhardillas donde juntarse a estudiar, o patios en los que emborracharse en las noches de verano. No, mi casa no tenía nada de eso.

Ahora miro este piso donde me encuentro y tengo la misma sensación. Es como si estuviese pasando unos días aquí, y me descubro mirando, con la misma admiración que entonces, a este o aquel rincón. Siento la estridencia de mi voz cuando hablo de la zona del comedor y la zona del salón, o me sorprendo al descubrir que tengo ropa que no he doblado sin que por ello me tropiece con ella cada dos por tres. Joder, hasta tengo un espacio para la ropa sin doblar.

Es exactamente la misma sensación: estoy admirando esta casa, una casa alucinante que, sin embargo, no me pertenece. Soy un invitado en esta casa, un extraño que pasea por aquí sin conocer todos los rincones, sin recordar dónde se guarda esto o aquello, sin una rutina por la que no dar cien paseos para llevar a cabo cualquier tarea doméstica. Simplemente me adapto con cierta habilidad a la vida en un piso muy chulo en el que vivo desde hace un tiempo. Pero no, este no es mi hogar. I don’t belong here…

De una forma objetiva, a esta casa le faltan aun muchas cosas para convertirse en un hogar. Aun falta algún mueble, cortinas, un par de lámparas y mucha decoración. Y desde el punto de vista humano, el contador de experiencias vividas en este piso está todavía a cero. Poco se puede sacar de todas las visitas que tengo ahora, porque se tratan en muchas ocasiones de veladas de cierto compromiso en las que mis amigos tampoco encuentran su espacio. Como yo, recorren esta casa y descubren que está realmente bien, pero todavía tienen que adivinar el espacio de esta casa, que también terminará siendo de ellos, en el que se sienten realmente a gusto. Así que estas experiencias que ahora vivo no son todavía tan buenas como las que, sin duda, han de venir.

Me encuentro por tanto ahora en el momento en el que este pisito tan chulo, este sitio que yo tantas veces he envidiado, por ser uno más de todos esos lugares alucinantes en los que yo estaba de paso, se ha de convertir, por no sé qué misterioso proceso, en mi propio hogar. Ahora me toca vivir ese mágico proceso. Este lugar ha de convertirse en mi casa.

Es tan emocionante…

martes 15 de enero de 2008

Alive 2007!

viernes 14 de diciembre de 2007

Traffic


La sociedad en la que vivimos prospera cada día más. Cada día somos capaces de producir más, de tener más beneficios y avanzar más deprisa, especialmente en términos de macroeconomía. Sin embargo, tanta velocidad hace que no podamos dedicarnos a ciertas cosas, algunas las dejamos en el tintero, o tiramos torpemente de ellas, en lugar de preocuparnos de que evolucionen de igual manera que todo lo material, que tanto nos atrae. No parece que la calidad de vida, el bienestar, vaya tan rápido como el vil metal. Ciertas cosas no parece que ni tan siquiera se mantengan como siempre.

Este sistema tan veloz ignora ciertas necesidades que al final nos resultan básicas como seres humanos. Como seres con un alma, diría más bien. Como por ejemplo, la educación de nuestros hijos.

La sociedad que hemos creado exprime tanto nuestro tiempo, que no reserva casi nada para esa labor que tanto necesita de la calma. Tan solo dispone parches que se supone que deben ser equiparables. Un colegio lleno de actividades, en las que los niños forman una masa que impide adivinar al individuo. Un libro lleno de frases modélicas y una película sin demasiada violencia. Todo eso debe ahora suplir a un padre hablando con su hijo. Pero no es así, esos parches no funcionan.

Se necesita ir muy despacio para poder hablar con los niños o los jóvenes, para educar a tu hijo de tal manera que se comunique contigo, para que te hable y te pregunte cosas. Para escucharle, para saber encontrar las preguntas dentro de sus confusas cabecitas. Para hacerlo de una manera armoniosa, sin forzar nada, naturalmente. Pero no hay tiempo.

Esta sociedad deja unos vacíos que están destrozando al individuo. No hay figuras paternales, porque no hay suficiente tiempo, y los niños pasan cada día de unas manos a otras, como una carga más que como una persona, o como un proyecto de persona. Diría también que no hay patrones de conducta, pero me temo que sí los hay; los de competir, luchar a muerte por ser el que más en todo. No se puede ser segundo, el segundo es el primer fracasado.

Los padres, por un lado, no llegan más que a reunir y mezclar unos ingredientes que se suponen que deben ser la educación de sus hijos. Pero sin tiempo para saber cuales de esos ingredientes son buenos o malos; sin libros de recetas ni toques maestros. Y esperan que, al meterlo todo en un microondas (no hay tiempo para pucheros a fuego lento), les salga un hijo más o menos centrado, más o menos coherente y feliz. Pero nadie sabe lo que va a salir de ese potingue, y los que menos, por supuesto, los padres. Ellos con todo su cariño, con toda su pasión paternal, al final no pueden más que trabajar con ingredientes precocinados que, en el mejor de los casos, crearán un plato con un monótono regusto a avecrem. Con un poco de suerte, a lo mejor llegan a crear una nueva pieza útil para esta absurda máquina que es nuestra sociedad. En fin, es muy probable que los padres ni siquiera asistan al resultado final. Llegará un día en que, de repente, los padres no reconozcan a esa persona que lleva tanto tiempo creciendo a su lado. Que levanten la mano los padres que conozcan realmente a sus hijos. Es muy probable que cada mano alzada esté sostenida por un iluso.

Por otro lado, los hijos. Sin brújula, sin objetivos y con millones de dudas que nadie responde. Porque, a medida que creces, te das cuenta de que nada tiene sentido. No sabes por qué tienes que hacer esto o aquello, no entiendes tanta incongruencia, tanta contradicción. ¿Para qué correr tanto? ¿Hay alguna meta al final? ¿Llega un momento en que puedas disfrutar de lo que eres, de lo que has trabajado para convertirte en una persona? Probablemente no. ¿Entonces, para qué ir tan deprisa? ¿No valdrá más la pena detenerse un poco a disfrutar del camino? Pero no, no se puede parar. Si esta sociedad tuviese algún sentido, si nos pudiésemos sentir orgullosos de nuestra forma de vivir. Pero no es así, y cuando empezamos a adivinarlo las dudas crecen, y nadie contesta nada, y cada vez te desanimas más. No hay respuestas.

Hasta que, de repente, aparecen respuestas por todos lados. Muchos, muchísimos sistemas para encontrar respuestas rápidas, sencillas, completas, congruentes. No veas si tienen respuestas las drogas. Yo solo frecuento los canutos, y creo haber visto la realidad absoluta tantas veces… Joder, que si tienen respuestas. Cuando eres joven necesitas tanto las drogas como las respuestas, porque unas son las únicas que disponen de las otras. Y, al fin y al cabo, ves a todo el mundo drogándose. Todo el mundo, todos los modelos en que se fijan los jóvenes lo hacen. ¿Cuántos padres, cuántos famosos, cuantos iconos hay en nuestras vidas que, como poco, fumen, beban, tomen café, que se pongan de Prozac o Valium? ¿Todos? La diferencia entre todas esas drogas y las que les llegan a los jóvenes está en la gravedad, en la cantidad. Es una cuestión de “cuánto”, de en qué grado les va a afectar. Y para empezar, esa diferencia ya es delicada y conflictiva (drogas duras o blandas, legales o ilegales… ¿dónde está la frontera?) Y para seguir, los niños o los jóvenes no entienden eso. No entienden de grados, de niveles, de dónde tienen que parar (Joder, no lo entienden ni los mayores). Sin tener ni idea de eso, ya han empezado. Ya están dentro.

¿Y ahora qué hacemos? ¿A quién culpamos? ¿A los padres? ¿A los productores? ¿A los traficantes? ¿A la policía? Ahora ya no culpes a nadie, por favor. Encima no seamos hipócritas. No nos va a servir de nada. Ahora ya no hay nada que hacer.

Respondamos las preguntas de nuestros hijos, aprendamos a hablar con ellos, con paciencia. Que nunca dejen de preguntarnos por qué, que no se nos acabe el tiempo ni la paciencia para contestarles. Que no tengan que buscar las respuestas rápidas.

Tanta evolución, tanta prosperidad, tanta velocidad nos está matando. Nuestra evolución no es más que nuestra autodestrucción. Cambiemos nuestra sociedad. Cambiémonos a nosotros mismos, debemos tener tiempo para cuidarnos. Para cuidar de nuestros hijos.

Si tengo que elegir, me quedo con el personaje de Benicio del Toro en Traffic, viendo el partido de béisbol de unos críos. A lo mejor, para su personaje, ese deporte es algo tradicional, a lo que siempre se ha jugado en sus calles, como aquí se juega al fútbol. Pero yo prefiero mi punto de vista. El béisbol es muy lento, muy aburrido para verlo. Tiene un tempo muy peculiar, con muchas pausas, sin un reloj que se mueva.

Y ahí está él, el tipo más duro de todo Nuevo Méjico. En las gradas como uno más, simplemente viéndoles crecer. Eso es justo lo que ellos necesitan. Sin prisas.

lunes 29 de octubre de 2007

Definiendo a los hermanos

Es la parte más oscura del pop. Lo más ligerito del tecno. Una cosa así. Creo que ahora sí estoy de acuerdo en que se le puede llamar pop. Pero la parte más siniestra del pop. Algo así como el pop más satánico.

Llegan los grupos de britaniquitos y hacen una musiquita bastante rocanrolera, con mucho guitarreo, mucha batería y los gritos de unos niñatos soltando toda la energía propia de su edad. Todo muy guay. Y sí, a eso se le puede llamar pop. Y no digo lo de niñatos en un sentido estrictamente despectivo. Creo que esa palabra tan solo define una etapa de la vida bastante concreta, algo así como el fin de la pubertad, definida por muchísimos errores e incongruencias, pero también por la más fuerte presencia de unos sueños muy poderosos, de la más emotiva sensación de amistad, amor, ilusión, energía, fuerza. Terminan ya los dieciocho, diecinueve y los veinte hacen acto de presencia y cuando sacan todo eso fuera, se llenan de orgullo gritándole al mundo que pasan de él, que no están satisfechos, que todos se equivocan y que ellos lo saben, que pasan de las normas, que han descubierto toda esta oscura farsa… eso desemboca en un puñado de canciones con las que brincar y dos o tres más suaves en las que muestran, a veces con una genialidad pasmosa, sus más profundos sentimientos sobre el amor, la soledad, la amistad…

Supongo que sí, que el esquema es el mismo. Por eso se le puede llamar pop. Sin embargo, siento que esta música tiene más cosas.

La música de grupos como Blur, Oasis, Garvage, Pulp o The verve terminan resultando el eterno cliché de “lo que un grupo hace cuando está empezando”. Lo mismo que más actualmente están haciendo Franz Ferdinand, Muse, Artic monkeys… Es lo mismo. Y creo que toda esa música adolece de lo mismo, de una notable falta de referencias, de una experiencia previa que provoque un avance. Todo es nuevo, sí. Todo es fresco y hay muchísimas genialidades, sin lugar a dudas. Y adolecen de algo que probablemente no necesitan, que es una revisión de lo existente y una experiencia previa.

A mi me da la sensación de que esta música también es pop, pero sí que tiene toda esa experiencia detrás.

Pienso que quizás todo empezó con los mods, con el rollo Quadrophenia y todo eso; una estética definidísima y un sonido oscuro pero con mucha clase. Eso evolucionó en el sonido Manchester, en Joy Divison o New Order, y más adelante en The Cure o Depeche Mode. Todo aquello fue la semilla de infinitas corrientes actuales naciendo de una matriz muy pequeña, muy concreta en un momento histórico y un lugar geográfico muy preciso.

Y después llegó la electrónica y cuando se topó con todo eso, esto es lo que nació.

Esa es la diferencia, Esta música parece una evolución, es la enésima derivada de algo, y eso lo diferencia de un bloque gigantesco de la música que suena. Muy fresca, muy acorde con la situación actual, pero quizás de nuevo demasiado improvisada, quizás demasiado ajena a lo que ya se conoce.

Esto es más como Gnarls Barkley por ejemplo. Un grupo totalmente distinto a los demás, dado que toda su música tiene una base previa tremenda: es la evolución del soul, del funky, del jazz. El salto de esos sonidos a “otra cosa”. Ese es el matiz que les diferencia de los demás y que les convierte en geniales.

Esta idea parece de una incongruencia total: lo que hace que esta música sea distinta es que se parece a la música de épocas anteriores, no como el resto de la música, que está muy estereotipada porque es original. Pues sí, eso es más o menos lo que quiero decir. Y aunque está claro que estoy haciendo dos grupos, no por ello quiero que parezca que uno me parece “el bueno” y otro “el despreciable”. Ambos son igual de buenos y de maravillosos. Y creo ambos conmueven y satisfacen con la misma intensidad. Lo nuevo es necesario y las revisiones también.

Sin embargo, si hago recuento de los sonidos que más me han conmovido últimamente, creo que yo ahora mismo estoy más en el momento de “las revisiones”. Tantos son los grupos que vienen a liberarnos, son tantos lo que pretenden desenmascarar todas las miserias del universo y ofrecer a cambio el paraíso, que yo ya me he cansado de eso. “Aquí llega el enésimo grupo revelación, con el enésimo single apabullante a decirme que cualquier tiempo pasado fue peor”. De un tiempo a esta parte, todos estos grupos me dejan congelado, mientras que me derrito irrevocablemente con gente como The go! Team y su imposible revisión del sonido Motown; o con Matisyahu, perfectamente definido por un amigo como el Bob Marley del siglo XXI; o con Amy Winehouse, con ese increíble sonido soul tan reconocible y tan maravilloso; o con Sigur Ros, ese grupo sin definición posible y que parece responder a un choque frontal entre la música clásica y el rock más salvaje; o (quedándome un pelín más corto) con Triángulo de amor bizarro, con ese toque de salvajismo tan punky, tan conocido y de nuevo tan fresco; o con Fangoria y la única digna evolución de la música española de los ochenta.

Y entre todos esos grupos, ellos fueron los primeros a los que conocí. Nunca inventaron nada. Probablemente sería injusto tildarles de genios. Pero sí, como todos los anteriores (o como Björk, Daft Punk, Mogway, o los ya citados Gnarls Barkley…) ellos decidieron que este mundo no sería maravilloso, que quizás estábamos atrapados en un momento en el que todo ya estaba inventado. Pero quizás también decidieron que, si se retocaba todo un poquito, con algún mínimo ajuste, que si se mezclaba todo en una coctelera con cierta gracia, quizás este mundo tan difícil sería un buen lugar donde vivir. Como un viejo sofá desvencijado que cubres con una manta y en el que uno tan cómodo se encuentra. No es una idea demasiado revolucionaria, pero sin duda buscan el objetivo más ambicioso: la sencilla felicidad.

miércoles 19 de septiembre de 2007

Lost in Translation


La tristeza más bella que jamás he sentido

lunes 17 de septiembre de 2007

Medallas

El otro día, una gran amiga me hizo ver un momento en que yo la fallé. Ni siquiera fue un reproche, tan solo me explicó lo que sintió en ese instante en que tanto me necesitó y en el que yo no estuve. Yo no respondí a su llamada.

No sé, uno suele estar conforme con su forma de ser. Generalizando un poco, creo que a la gente no termina de convencernos nuestra vida, pero sí nos convence nuestra propia actitud, nuestra forma de ser. Al fin y al cabo, creemos que nuestra forma de actuar es algo que controlamos a diario a través de las decisiones que tomamos, y como somos nosotros quienes las tomamos, pues estamos conformes. Luego, todo lo que no nos gusta pasamos a meterlo en el cajón que denominamos “nuestra vida” ese ente sin forma que nos atropella por la calle sin que podamos remediarlo. De tal forma que pensamos que “nuestra vida” podría mejorar, que podría atropellarnos un poco más flojito, un poco menos de improviso, con alguna situación un poquito mejor. Pero solemos sentirnos satisfechos con lo que nosotros mismos somos.

Hasta que de repente te das cuenta de que tu forma de ser no ha sido lo suficientemente buena. Ha sido tu forma de ser la que ha fallado. Y todas esas absurdas creencias que nos ayudan a estar bien se desmoronan por completo.

En fin, no quiero ser demasiado tremendista, estoy describiendo una situación que tampoco ha sido tan grave, y ahora no me siento hundido por este error que he cometido. Mi amiga me dijo un montón de cosas que me resultaron bastante duras, pero como conclusión solo puedo pensar que siente un cariño tremendo hacia mi. Si piensa que soy tal y como me contó, creo que permite que siga a su lado por lo mucho que me quiere a pesar de todo. Y sé que me quiere mucho. Además, la pedí perdón por aquel terrible descuido y aceptó mis disculpas de corazón.

Tan solo quiero expresar lo importante que es que no nos despistemos, que sigamos alimentando todo este lado tan genial de nuestra forma de ser cada día, en cada momento. Lo buenos que somos no es una medalla que nos ponen en el pecho y que podemos lucir de por vida. Debemos cultivar todo eso por lo que nos creemos tan buenos. No debemos dejar de mostrar todo nuestro buen hacer ni un instante, para que nuestros seres queridos nunca dejen de sentirse arropados por nosotros. Se lo debemos.

Gracia por la lección que me has dado, niña. Creo que la he comprendido bien. Ahora quiero esforzarme de verdad para que esto no vuelva a pasar. Esto me va a hacer reaccionar para convertirme en una persona mejor. Y eso va a servir para que no vuelva a fallarte. Voy a mejorar para ti; voy a mejorar para vosotros. Os lo debo.
Voy a mejorar para mí. Me lo debo.