
Es la parte más oscura del pop. Lo más ligerito del tecno. Una cosa así. Creo que ahora sí estoy de acuerdo en que se le puede llamar pop. Pero la parte más siniestra del pop. Algo así como el pop más satánico.
Llegan los grupos de britaniquitos y hacen una musiquita bastante rocanrolera, con mucho guitarreo, mucha batería y los gritos de unos niñatos soltando toda la energía propia de su edad. Todo muy guay. Y sí, a eso se le puede llamar pop. Y no digo lo de niñatos en un sentido estrictamente despectivo. Creo que esa palabra tan solo define una etapa de la vida bastante concreta, algo así como el fin de la pubertad, definida por muchísimos errores e incongruencias, pero también por la más fuerte presencia de unos sueños muy poderosos, de la más emotiva sensación de amistad, amor, ilusión, energía, fuerza. Terminan ya los dieciocho, diecinueve y los veinte hacen acto de presencia y cuando sacan todo eso fuera, se llenan de orgullo gritándole al mundo que pasan de él, que no están satisfechos, que todos se equivocan y que ellos lo saben, que pasan de las normas, que han descubierto toda esta oscura farsa… eso desemboca en un puñado de canciones con las que brincar y dos o tres más suaves en las que muestran, a veces con una genialidad pasmosa, sus más profundos sentimientos sobre el amor, la soledad, la amistad…
Supongo que sí, que el esquema es el mismo. Por eso se le puede llamar pop. Sin embargo, siento que esta música tiene más cosas.
La música de grupos como Blur, Oasis, Garvage, Pulp o The verve terminan resultando el eterno cliché de “lo que un grupo hace cuando está empezando”. Lo mismo que más actualmente están haciendo Franz Ferdinand, Muse, Artic monkeys… Es lo mismo. Y creo que toda esa música adolece de lo mismo, de una notable falta de referencias, de una experiencia previa que provoque un avance. Todo es nuevo, sí. Todo es fresco y hay muchísimas genialidades, sin lugar a dudas. Y adolecen de algo que probablemente no necesitan, que es una revisión de lo existente y una experiencia previa.
A mi me da la sensación de que esta música también es pop, pero sí que tiene toda esa experiencia detrás.
Pienso que quizás todo empezó con los mods, con el rollo Quadrophenia y todo eso; una estética definidísima y un sonido oscuro pero con mucha clase. Eso evolucionó en el sonido Manchester, en Joy Divison o New Order, y más adelante en The Cure o Depeche Mode. Todo aquello fue la semilla de infinitas corrientes actuales naciendo de una matriz muy pequeña, muy concreta en un momento histórico y un lugar geográfico muy preciso.
Y después llegó la electrónica y cuando se topó con todo eso, esto es lo que nació.
Esa es la diferencia, Esta música parece una evolución, es la enésima derivada de algo, y eso lo diferencia de un bloque gigantesco de la música que suena. Muy fresca, muy acorde con la situación actual, pero quizás de nuevo demasiado improvisada, quizás demasiado ajena a lo que ya se conoce.
Esto es más como Gnarls Barkley por ejemplo. Un grupo totalmente distinto a los demás, dado que toda su música tiene una base previa tremenda: es la evolución del soul, del funky, del jazz. El salto de esos sonidos a “otra cosa”. Ese es el matiz que les diferencia de los demás y que les convierte en geniales.
Esta idea parece de una incongruencia total: lo que hace que esta música sea distinta es que se parece a la música de épocas anteriores, no como el resto de la música, que está muy estereotipada porque es original. Pues sí, eso es más o menos lo que quiero decir. Y aunque está claro que estoy haciendo dos grupos, no por ello quiero que parezca que uno me parece “el bueno” y otro “el despreciable”. Ambos son igual de buenos y de maravillosos. Y creo ambos conmueven y satisfacen con la misma intensidad. Lo nuevo es necesario y las revisiones también.
Sin embargo, si hago recuento de los sonidos que más me han conmovido últimamente, creo que yo ahora mismo estoy más en el momento de “las revisiones”. Tantos son los grupos que vienen a liberarnos, son tantos lo que pretenden desenmascarar todas las miserias del universo y ofrecer a cambio el paraíso, que yo ya me he cansado de eso. “Aquí llega el enésimo grupo revelación, con el enésimo single apabullante a decirme que cualquier tiempo pasado fue peor”. De un tiempo a esta parte, todos estos grupos me dejan congelado, mientras que me derrito irrevocablemente con gente como The go! Team y su imposible revisión del sonido Motown; o con Matisyahu, perfectamente definido por un amigo como el Bob Marley del siglo XXI; o con Amy Winehouse, con ese increíble sonido soul tan reconocible y tan maravilloso; o con Sigur Ros, ese grupo sin definición posible y que parece responder a un choque frontal entre la música clásica y el rock más salvaje; o (quedándome un pelín más corto) con Triángulo de amor bizarro, con ese toque de salvajismo tan punky, tan conocido y de nuevo tan fresco; o con Fangoria y la única digna evolución de la música española de los ochenta.
Y entre todos esos grupos, ellos fueron los primeros a los que conocí. Nunca inventaron nada. Probablemente sería injusto tildarles de genios. Pero sí, como todos los anteriores (o como Björk, Daft Punk, Mogway, o los ya citados Gnarls Barkley…) ellos decidieron que este mundo no sería maravilloso, que quizás estábamos atrapados en un momento en el que todo ya estaba inventado. Pero quizás también decidieron que, si se retocaba todo un poquito, con algún mínimo ajuste, que si se mezclaba todo en una coctelera con cierta gracia, quizás este mundo tan difícil sería un buen lugar donde vivir. Como un viejo sofá desvencijado que cubres con una manta y en el que uno tan cómodo se encuentra. No es una idea demasiado revolucionaria, pero sin duda buscan el objetivo más ambicioso: la sencilla felicidad.
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