La caja del diablo es el título de una canción de Los Planetas que me encanta. Pienso que es una de las pocas canciones con un montón de distorsión que me gusta, y creo que es porque el ritmo no llega a perderse nunca, a pesar de los 8 ó 9 minutos que dura. Un inicio tan progresivo, desde la nada más absoluta hasta toda esa carga de ruido... Y esa batería siempre ahí, tan bestia flotando sobre todo lo demás... es alucinante.No sé, todas esas sensaciones son verdaderamente desagradables, y a nadie le gusta tenerlas. Pero no puedo imaginar que yo no las hubiese tenido nunca, que me las hubiese perdido. Sería tan terrible. Es como si te faltara algo, como si te hubieses perdido una parte de tu vida. Imagina que de repente no hubieses vivido la pubertad, que esa parte de tu vida no haya existido, y tampoco nada de lo que viviste entonces. Me parece un poco lo mismo. Y creo que es un buen ejemplo, porque, por muy buena que sea esa época (que lo es), el que recuerde la pubertad tan solo con añoranza y ternura es porque no se acuerda de lo mal que se pasa en esos momentos, la cantidad de dudas que rondan tu cabeza y la cantidad de dramas que oscurecen tus días…
Pero la pubertad está bien. Sobre todo porque se pasa, tu cuerpo deja de cambiar a diario y tu cabeza está más receptiva para todo lo que te tiene que pasar después.
En fin, creo que las paranoias, las pesadillas que uno vive dormido o despierto son algo muy desagradable que, al final, tienen que formar parte de tus recuerdos, que es necesario vivir aunque solo sea para saber que estás vivo. Por mucho que uno quiera ser una persona lúcida y estable, tendrá que saber qué es tener la mente nublada, tendrá que desestabilizarse de vez en cuando, ¿no? Nadie puede montar bien en bici sin haberse caído alguna vez. Todo el que disfruta de las películas de miedo, es porque pasa un miedo aterrador viéndolas. No digo tanto que se tengan que buscar esas sensaciones, como que uno no debería esquivarlas tanto. Es de gilipollas andar metiéndose en los charcos, pero de vez en cuando habría que seguir la línea recta, aunque en frente haya un charco del que no sabes la profundidad.
Qué cansado estoy de vivir en un mundo acolchado. Se supone que nada te puede pasar, ahora que tenemos cinturones de seguridad, air bags, controles de estabilidad, parches anti tabaco, parches adelgazantes, cerveza sin alcohol, sacarina, pan sin colesterol y rico en fibras, leche desnatada enriquecida con calcio y con isoflavonas y su puta madre, café descafeinado, te desteinado, mantequilla baja en calorías, nata sin grasa, condones de látex y cibersexo… Aunque todo eso me debería tranquilizar, yo lo único que siento es vértigo y un miedo atroz. Tengo miedo de dejar de sentir. Parece que todo el mundo ha decidido que lo más maravilloso de esta vida es no sentir nada. Y eso me da pavor. Tengo miedo de dejar de abrir la caja del diablo de vez en cuando.
Aunque solo sea para disfrutar de la caja cerrada.
3 comentarios:
Protesto, señoría. Una de mis mayores discusiones con un gran amigo, compañero de la carrera, era si era necesario haber vivido las experiencias de nuestros pacientes para empatizar con ellos. Yo creo que no (lo otro es recuerdo, no empatía). No creo que vivir sea probarlo todo. No creo en los deportistas que compiten dopados ni en las personas que viven drogadas. La vida está llena de estímulos pequeños, constantes, a los que se es sensible si se abre la mente. Hace 50 años no había ni airbags, ni cinturones de seguridad, ni casco para la bici ni preservativos de látex... ni mp3, ni ordenadores, ni google... y además, muchos hijos indeseados.
Ojo, el texto no reivindica el uso de las drogas, no es esa mi intención. Y si es lo que parece, lo lamento. Lo que quiero decir es que el auto-control debe ser una máxima en nuestras vidas. Una de esas reglas que respetamos todos los días... pero que de vez en cuando nos saltamos. No nos olvidemos de la excepción que confirma la regla. Tan bueno es tener unas convicciones como el hecho de saltárselas de vez en cuando. Esa es mi opinión...
Las drogas solo eran un ejemplo que no tiene por qué servirle a todo el mundo.
Ya, ya lo sé. Tampoco te quedes sólo con eso, me gustaría insistir en lo de los etímulos. Sólo hay que abrir los sentidos y dejarlos entrar. ¿Te acuerdas el juego que hice con mi trasgu? Si quieres, lo probamos un día. Ya verás.
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